miércoles, 3 de diciembre de 2008


El Circuito Diseño en el 22@ Barcelona, actividad enmarcada en la Barcelona Design Week 2008, ofreció la oportunidad de conocer de cerca los agentes del sector del diseño localizados en el distrito de la innovación del 22@ Barcelona. Aprovechando este acontecimiento que tuvo lugar el pasado mes de noviembre, el estudio de diseño 2creativo abrió sus puertas para presentar el lanzamiento de su nueva imagen basada en la simplicidad y el sentido común como motores de cambio.

En tiempos difíciles, el diseño se presenta como la herramienta más rentable para impulsar la innovación. Aplicar procesos de diseño constantes en la empresa asegura una ventaja competitiva a largo plazo. La aplicación de la simplicidad y el sentido común se hace más necesaria en estos momentos.

"Diseñar es planificar, es convertir las necesidades de los usuarios en oportunidades de negocio" dicen Abel y Mariona, directores creativos de 2creativo. "Y qué mejor que aplicar un buen método de planificación para minimizar riesgos en la toma de decisiones?" Con su nueva imagen, 2creativo se presenta como apoyo estratégico de las empresas para el lanzamiento de nuevos productos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

DISEÑO RENTABLE: Diez temas a debate


La Editorial Index Book ha publicado recientemente la obra de Xènia Viladàs: "Diseño Rentable: diez temas a debate" donde plantea que el diseño es una plataforma extraordinaria de mejora, al servicio de la empresa - y, por extensión, de la sociedad - que se ha convertido ya en un requisito de entrada a muchos mercados.

Esta obra se dirige a aquellas organizaciones que todavía tienen el diseño como asignatura pendiente y propone, desde una óptica de gestión, diez temas de reflexión para reducir el riesgo en la toma de decisiones relacionadas con esta materia. Las herramientas y los conceptos que se ofrecen en estas páginas son propuestas abiertas que cada uno tendrá que hacer suyas. No es un tratado de gestión del diseño sino una especie de "navaja suiza" para llevar en el bolsillo y utilizar cotidianamente.

Xènia Viladàs, autora de Diseño Rentable, es consultora, licenciada en Económicas por la Universidad de Barcelona y MBA (Design Management) por la Universidad de Westminster (Londres). Inició su carrera en el sector textil y posteriormente se incoporó al BCD (Barcelona Centre de Disseny) donde fue directora adjunta y, más tarde, directora general. Tras una etapa en la escuela de diseño Elisava, pasa a incorporarse a la Sociedad Estatal para el Desarrollo del Diseño y la Innovación (ddi), como consejera delegada. En la actualidad ejerce como consultora independiente en Gestión de Diseño, tarea que alterna con la docencia, conferencias y escritos.

martes, 18 de noviembre de 2008

La modernitat

Publicat a la revista “Eben Interiors” nº 59
Per Agustí Costa, interiorista i aparellador

El compromís de tot creatiu és donar respostes d’acord amb l’esperit del seu temps. I sempre ha estat així quan ha explorat camins ignorats per conduir-nos al futur i quan ha pres de referent el passat conegut.
Naturalment, em refereixo als grans trets d’aquell esperit que determinen l’estil d’època i no pas a les peculiaritats individuals, per remarcables que siguin. L’homologació respecta als trets característics de l’època fa que una obra sigui moderna o no.
Històricament el treball modern s’ajusta als “modes” propis de la tendència dominant, i és així com obté la consideració de recent, al marge del seu valor intrínsec. Representa la mesura, l’equilibri, la moderació i no pressuposa cap avenç. Però a mitjans del segle dinou el concepte modern fa un pas endavant i busca una innovació romàntica, subjectiva, que es basa en la imaginació i es manifesta contrària al progrés tècnic i burgès. Després, a principis del segle vint, la creixent industrialització afavoreix el sorgiment de l’avantguarda, defensora d’una modernitat incessant. Fascinada per la tècnica, aporta, objectivament, millores reals de les condicions de vida durant un període de desfici creatiu. E Moviment Modern va ser una autèntica revolució experimental en el camp de la cultura material.
I avui, què és modern? Superabundància, consumisme, globalització, atròfia crítica, pensament feble i falta d’esforç, en general, són els inductors d’una part de la nostra conducta. Amb aquests ingredients no s’assoleixen objectius gaire consistents. Per això moltes vegades el terme modern es redueix a un llustre superficial que dóna brillantor i es fa admirar fins que s’apaga, però que ignora la importància del pes, de “ser metall encara que no brilli”. Oblidant que és més important el sistema constructiu que el material, l’espai que l’objecte i el llenguatge que la forma, alguns irreflexius, en nom d’una modernitat mal entesa, prescriuen de manera arbitrària materials nous interpretats deficientment, maltracten l’atmosfera del lloc amb un culte acrític a objectes d’última generació i ofenen la personalitat de l’usuari amb frívoles artificiositats de nul contingut cultural. Talmet, com si només hi hagués una estètica possible que dicta el que s’ha de fer i priva el que seria adequat.
Sortosament, al costat de la retòrica banal que només sap captar l’aspecte extern més anecdòtic de la modernitat, hi ha la creença que el bon projecte s’ha de buscar més enllà dels contingents epidèrmics, perquè dissenyar no és una simple qüestió formal. I cal tenir present que l’encertada relació entre forma i ús depèn de circumstàncies sovint diferents. Cada usuari, entorn i codi mereixen una atenció del projectista que determina resultats formals per a cada cas.
L’escultor modern Jorge Oteiza diu: “No busco el que tenim, sinó el que ens falta”. La frase, crec, sintetitza el sentit profund de l’actitud moderna. Res no ha de venir donat, ha d’ésser explorat. El projecte, elaborat amb voluntat capdavantera, anticipa constantment. Cal buscar resultats pertinents, defugint els patrons habituals de seducció. El projectista es legitima burxant la realitat present, obrint-se al futur i acceptant les conquestes del passat.
Així, de manera natural, afegim petits progressos successius sense perdre la continuïtat de la modernitat.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Bueno, bonito y... sencillo

Por Fernando Trías de Bes. Ilustración de Gabi Beltrán.
Un invento básico, un diseño sencillo, una idea simple. El iPod o Google. Hay que ver lo que nos pueden facilitar la vida. Pero simplificar las cosas no es nada fácil. Aquí, unos trucos.










miércoles, 29 de octubre de 2008

¿Cómo se dan los premios literarios?

El País, sábado 5 de abril de 2008


¿Cómo se dan los premios literarios?
Por Jose María Guelbenzu

En España abundan los galardones, pero los concedidos por el sector privado tienen razones editoriales y los del público, criterios funcionariales y políticos. Harían falta fundaciones de solvencia.

¿Qué premian los premios? ¿Para qué sirven los premios? ¿Son libres los premios? Cada año se conceden en nuestro país centenares de premios a muy diversas actividades artísticas, la mayoría de los cuales proceden de toda clase de instituciones públicas y privadas. ¿Vivimos en Jauja? ¿Estamos ante una nueva edad de oro de las artes ¿ ¿Se han extendido los saraos sociales a los frutos de la creación literaria, visual o musical ¿ En medio de todo este aparente esplendor, buscando el origen y sentido de esta proliferación, surge en seguida una pregunta: ¿es el Estado quien tiene el deber de regular los premios culturales o la cosa es así porque no existe otra alternativa?

La sensación que invade al ciudadano atento es la de que sólo el Estado parece garantizar una valoración objetiva de una obra, pues no se siente afectado por las concesiones al beneficio, ya que los suyos (nacionales o autonómicos) son premios a fondo perdido en lo económico. En otros sectores, como el audiovisual, academias de profesionales o entidades privadas otorgan sus premios a la labor de un año o de toda una vida (Goya, Max, Ondas, Fotogramas...) y procuran que prime el reconocimiento profesional. Por el contrario, en el mundo literario apenas existen premios que se otorguen a libros ya publicados. Los premios famosos y reconocidos del mundo de la edición son casi siempre a originales inéditos y se han convertido en un lanzamiento editorial de autores bien conocidos. El negocio es el negocio. De manera que los premios-resumen de un año de actividad creadora (literarios sobre todo, aunque también de otros órdenes artísticos) en España los conceden el Estado (Cervantes, Velázquez, el conjunto de los Nacionales...) o instituciones paraestatales.

Pero ¿es el Estado verdaderamente neutral? Resulta significativo que los grandes premios de resonancia internacional estén todos en manos de fundaciones y entidades privadas, que suelen ser, cada uno a su estilo, independientes del Estado aunque no sea incierto decir que los interesados (editores, creadores, investigadores...) tratan de meter la nariz en ellos, pues gneran ventas o fama extraordinarias que allegan grandes recursos a los ganadores. Sin embargo, lo cierto es que generan venta o fama debido a su credibilidad e independencia.

En España quizá pudiera ponerse el ejemplo del Príncipe de Asturias, pero aparte de su vinculación nominal con la familia real, es un premio dedicado a premiarse más bien a sí mismo. Lo que convendría preguntarse es por qué el Estado ha tenido que hacerse cargo de reconocer y distinguir a los creadores mientras el resto de la sociedad lo contempla desde la barrera. ¿Quizá porque en este país el paternalismo del poder y el peso de la religión nos acercan más a lo providencial que al esfuerzo emprendedor del individuo o el colectivo social?

Echando la vista atrás, vemos que si el cenit de la literatura y las artes en España se corresponde con el barroco, es decir, con la primera quiebra de la confianza en el papel de paladines de la cristiandad en el mundo bendecido por Dios, desde entonces no han hecho sino decaer, en especial la literatura, hasta extremos muy provincianos salvo las excepciones de rigor, siempre muy minoritarias y alejadas de los intereses dominantes. En consecuencia, y cada una a su manera, el arte y la sociedad se han resentido de ello. La sociedad española ha sido una sociedad fundamentalmente inculta y sometida a un poder tradicionalmente tan despectivo con el saber como entablerado entre la religión y la reacción. La sociedad española, esa que se despeña por la Corte de los Milagros de Valle-Inclán, fundamentalmente inculta, con extraordinaria tasa de analfabetismo aun en la primera mitad del siglo XX y sin una verdadera tradición civil, ha sido incapaz de generar por sí misma un referente cultural.

En tales condiciones, sería un verdadero milagro que instituciones o entidades privadas, en tanto que emanación de esa misma sociedad. Alcanzaran notoriedad e influencia en el país. En el último cuarto del siglo XX sólo una intervención del Estado a favor de las artes, las letras e incluso la investigación propició los diversos premios Nacionales en régimen de libertad. Pero la pregunta sigue en pie: ¿es el Estado suficientemente independiente de los intereses del poder como para generar credibilidad o estamos ante un contrasentido insoluble?

El actual Ministerio de Cultura ha planteado lo que denomina “Código de buenas prácticas”, que, en principio, pretende acabar con esa idea de que la capacidad de juicio va unida al cargo. Para ello plantea “incorporar a la sociedad civil a la gestión de la cultura”. Loable intento que si no aleja del todo la sospecha de intervencionismo, en principio puede mejorar y regular sustancialmente la calidad y coherencia de los premios. Centrándonos en los premios literarios, para no dispersarnos demasiado, cabe decir que, en principio, se trataría de otorgar decisión a personas realmente capacitadas para juzgar en razón de su preparación intelectual y/o su actividad creadora; pero teniendo en cuenta la baja exigencia de buena parte de la crítica española y la endogamia y rutina de la universidad, precisamente dos de las tres patas en las que se apoyan los premios de estirpe anglosajona (la tercera la nutren creadores de reconocido prestigio en países donde no se confunde el prestigio con la popularidad), no es fácil establecer una rigurosa selección de jurados.

Quizá conviniera más un toque mediterráneo, a lo Goncourt, tan ceremonial, tan ritual, pero cuyos diez miembros son intelectuales de indudable prestigio aunque la sospecha de que trabajen en pro de sus respectivos editores es una sombra que a menudo ha oscurecido la concesión de este premio, que no su acogida por el público lector.

Por ahora, los premios Nacionales (sigamos con este ejemplo) nutren sus jurados por un procedimiento rígidamente funcionarial tanto en la selección de candidatos como en la elección de sus componentes, que contrasta con la amplitud de criterio, libertad de elección, dedicación y solvencia de sus pares extranjeros (Pulitzer, Booker, Goncourt, National Book Awards...), incluso si son acusados de defender en ocasiones intereses más crecanos a una determinada contingencia política, como se ha dicho en ocasiones del Premio Nobel. El sistema español se atiene al criterio de representación antes que al de la preparación y el conocimiento intelectual y, por lo general, los jurados se componen sobre la marcha con unos candidatos elegidos por el procedimiento antedicho, lo que supone que, junto a personas adecuadas, a menudo figuren otras de dudosa idoneidad o informadas de oídas, que deciden sin tiempo para conocer a fondo la obra u obras que concursan en cada especialidad. De ahí proviene el carácter errático de nuestros premios Nacionales, que son más propensos al partidismo y a la imporvisación que a la evaluación razonada de los candidatos.

El punto de partida de la creación de los premios a partir de la democracia procede de un lamentable error: la idea de que el gusto artístico (el que permite apreciar la calidad de una obra) y el criterio que debe sustentar las opiniones, son democráticos por el hecho de vivir en una sociedad democrática. Nada más incierto: el gusto y el criterio son producto de una intensa y constante formación y confrontación personal, no de un status predeterminado por el cargo. La democracia no concede necesariamente conocimiento, que requiere del esfuerzo del individuo, sino que tiende a eliminar las trabas para acceder a él. ¿Es el Estado quien debe regular los premios o no hay otra alternativa por la falta de una tradición de independencia y solidez cultural de nuestra sociedad? He ahí el problema. De momento, buena parte de las fundaciones son un sumidero de subvenciones, pero quizá llegue el día en que las propias necesidades sociales generen las instituciones capaces de fomentar el conocimiento y el arte con independencia del poder político. LA medida ministerial que se anuncia puede ser un paso intermedio y una saludable entrada de aire fresco y buenas costumbres en una situación cuya estabilidad, por el momento, presenta unos índices de polución intelectual muy poco estimulantes.

sábado, 26 de julio de 2008

ESCUELA PARA EMPRENDEDORES. MADRID.

Formación. La Cámara de Comercio incentiva el sector servicios de la región con la puesta en marcha de la escuela de comercio, diseño industrial y hostelería en la que Ferrán Adrián o Martín Berasategi, por ejemplo, darán clases magistrales.


martes, 17 de junio de 2008

LA DIFERENCIA ENTRE UNA VIVIENDA Y UN NICHO SON LOS METROS CUADRADOS...

Si a un nicho le cambiamos las flores por geranios, le añadimos ropa tendida y una botella de butano, ¿cuál sería la diferencia?
Existen, primeras residencias, segundas residencias, terceras, y hasta cuartas. Nos encontramos en una cultura con un sentido de la propiedad supra desarrollado. Esto es mío y esto es tuyo. Desde tiempos remotos la propiedad fue uno de los derechos básicos y fundamentales de la civilización humana. Sinónimo de poder, poder moral, social, exclusivo e individual. Nos encontramos en 'Era del Individualismo’. Convivir es un desafío en un mundo individualista. Y todo esto porque un buen día, a algún ser humano, se le ocurrió empezar a reparcelar el planeta tierra y poner límites entre lo que alguien decidió que le pertenecía. Y así empezó toda la sociedad feudal tras la caída del Imperio Romano. Toda la estructura de poderes proveniente de la fragmentación del territorio. La diferencia de estatus social, quien más posee mejor considerado está, los señores, y los campesinos que usufructúan de los terrenos del señor, tienen la posesión pero no la propiedad, gozan y disfrutan de algo ajeno. Cuántas veces hemos visto el típico cartel al empiece de un camino: Propiedad Privada! cómo si de una amenaza se tratase, e incluso muchas veces dicho cartel va acompañado de otro advirtiendo: cuidado, perro peligroso!! Es importante defender el castillo!

En otras culturas como en Alemania, Holanda o Dinamarca, la mayoría de gente vive de alquiler. Sin complejos. Usufructúan de algo que no es suyo. Existe la cultura de vivir de toda la vida de alquiler. Comprar no es una buena inversión en Alemania, por ejemplo. Los precios se han mantenido fijos durante los últimos 20 años y lo normal es vivir de alquiler toda tu vida.

Aquí vivir siempre de alquiler no es algo normal. Nos encontramos en una sociedad donde nos gustaría poseerlo todo, cuanto más tengas más poderoso eres, 'tanto tienes tanto vales', es una trampa. Estamos obligados a hipotecarnos al menos una vez en la vida. 'Hipotecado', sinónimo de pérdida de libertad! El fenómeno de la construcción está llegando a límites desorbitados, construir para ganar no para vivir. La construcción suplanta los campos, los huertos, las construcciones antiguas, la historia y la memoria. Todo queda sustituido por edificaciones de hormigón, cristal y lamas de madera. Arquitectura de moda, impersonal y repetitiva. Viviendas de 40m2, incluso de 30m2, nichos con cocina y baño, viviendas llamadas protegidas. Cuantas más pequeñas sean, más caben y más dinero producen.

Por todo esto, los arquitectos jóvenes, tenemos una oportunidad de oro para darle la vuelta a esta situación. Proyectar desde el precedente. Tomar conciencia y respetar el planeta. Entrar en armonía con la naturaleza. Aprovechar su energía e investigar en otros campos. Nos encontramos en un país con muchísimo sol y con muy pocas placas solares. Modificar y alterar la superficie terrestre con objeto de satisfacer las necesidades humanas, y ser consciente de cuáles son estas necesidades, no teniendo como prioridad siempre el bolsillo. Cuidar la Tierra y practicar la sostenibilidad, diseñar aprovechando los recursos disponibles en cada situación intentando disminuir los consumos de energía y conseguir que esto acabe siendo del todo rentable. Y si no sabemos cómo hacerlo, investigar.

La última residencia sin opción, siempre acaba siendo un nicho, un panteón o si dejas de pagar el alquiler, una fosa común. Eso dependerá de todo lo que hayas poseído en vida, que absurdidad.


MARTA TEIXIDÓ
Arquitecta